Paco's profileLo imposible, no existe,...PhotosBlogNetwork Tools Help

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    September 28

    Nomadas del planeta

    "... me despiertan el frio y un dolor en el pie; abro los ojos, son las dos y cuarto de la madrugada y estoy andando... ¿estoy andando?... Mis ojos ven, pero mi celebro aun no asimila lo que ve... pasa una milesima..."
     
    Esto es lo que podría pensar cualquier participante de las carreras más extremas, en las que no solo se trata de correr...
     
    IDITAROD TRAIL: 1800 KM a pie en el artico invernal.
     
    RACING THE PLANET: 1250 KM corriendo por los desiertos de Gobi, Atacama, Sahara y Antartida.
     
    PACIFIC TRAIL CREST: 4200 KM por el Wilderness Americano.
     
    VALLE DE BENASQUE: 106 KM non stop (sin parar) con un desnivel acumulado de 10183 metros
     
    ¿quien se anima?
    September 18

    Benageber

    El agua esta fría, pero las ganas de seguir remando por el pantano por encima de la antigua Benageber hasta el río Turia compensa y casi se esta a gusto.

     

    Cerca de un acantilado se observa una calma hipnótica, dejamos de remar, cerramos los ojos y nos sentimos “uno con el lugar”… De pronto, se oyen gritos en lugar del canto de los pajarillos, y ruido de motores en lugar de las ondas del agua… abro los ojos, miro a mi alrededor y me veo en otro lunes en Orihuela, con sus atascos matutinos y las prisas de todos por salir de allí los primeros… miro el reloj, son las 8:42 de la mañana, en rato abre cambiado el aire puro que he respirado este fin de semana por “pura mier…”

     

    Benageber

    Día social de la espeleo, organizado por el “Centro Excursionista de Valencia” (CEV)

     

    Salimos de redovan sobre las 4:30 de la madrugada del día 15 de septiembre, si no hubiéramos llevado el GPS nos abríamos perdido como siempre… a las 7 y algo estábamos en el albergue, contando chistes y matando el rato.

     

    Sobre las 9 empieza todo, nos presentamos y yo soy “Batido de fresa”, no estoy en la lista, entonces probamos como Rodríguez Pérez… y los demás pues también dieron sus nombres…

     

    Recogimos los bártulos, nos montamos en los coches y fuimos hacia el barranco palomarejas, un barranco de nivel básico, con dos toboganes chiquitines, dos saltos a pozas desde roca y otro salto a otra poza desde un árbol…

     

    La mayoría muy contentos por la experiencia, para unos cuantos fue un barranco que se quedo algo corto para el nivel de dichas personas…

     

    Los que me conocen saben lo que me gusta hacer el tonto… y mi coche se redecoro en un charco y se lleno de barro (casi una hora con la karcher en el taller para limpiarlo…).

     

    Una vez en el albergue, nos sentamos un pequeño grupo a comer, que después pasaríamos casi todo el finde juntos. Por la tarde, después de comer nos dijeron que no podíamos ir a Benageber sin ver el pantano. Fuimos al pantano y algunos nos bañamos, otros no, y otros como yo… bueno casi rompo una piedra con la cadera…

     

    Después fuimos a tomar algo a Benageber y volvimos al albergue…

     

    De cena tuvimos estofado de jabalí (estaba rico, pero me gusto más el que probe en “la goleta” de Barakaldo) y Katia no paraba de imaginarse al pobre bicho vivo…

     

    Luego los juegos típicos, las sillas, la silla solidaria (sugerencia de Mariam), y un juego con el que se picaron y se tiraron hasta pasadas las 3 de la mañana…

     

    Al día siguiente, a las 7 me fui a pasear, sobretodo porque Dani roncaba mucho y Luis resfriado cuando se sonaba retumbaba hasta el pasillo.

     

    A las 12 casi, alquilamos unas piraguas, algunos las autodrenantes, otros las de travesía… en general estuvo bien…

     

    A la vuelta al albergue una paellita y ya la entrega de premios de los juegos espelo (cuerda sin fin…), y la despedida a un gran finde donde lo más importante fueron las nuevas amistades que hicimos.

     

    Hasta pronto

    September 17

    diario de un espeleologo capitulo 4

    DIARIO DE UN ESPELEOLOGO                                                                    "CAPITULO 4"
     

    ¡¡¡Qué sed!!! Acabas de salir de una agonía insufrible y estás totalmente agotado, prácticamente desesperado, tus compañeros seguro que están realizando algo por saber tu estado. Tu única “salida” es seguir avanzando hasta llegar al final de la sima, pero las capacidades físicas disminuyen, los músculos amenazan por desgarrarse, los huesos advierten por romperse de un momento a otro, la mente está torturándose ella sola, la piel se encuentra en un estado hipodérmico, los órganos suplican evitar la dolencia y tu vida susurra un pequeño grito de suplicio.

    Comienzas a moverte para evitar un poco el frío, contigo llevas todas esas cosas que te sobraban después de la “masacre”, no hay nada de comer, y menos de mojar la garganta que se va estrechando en cada diástole del corazón. Atraviesas unas cuantas galerías, destrepas unos metros, sigues avanzando apenas treinta metros, tus pies se van solos, tus brazos ya se apoyan sin dolor, la sangre se vierte al suelo como si de abono les sirviera a las pisolitas, los aparatos pesan una tonelada, el casco es molestoso. Realizas una parada en un suelo de caos de bloques pequeños, te dispones a quitarte el casco, a refrescar la cabeza, pero escuchas un pequeño ruido, el sonido de la tortura, el eco de la muerte, la eufonía del dolor, un ruido que te parece aterrador. Por un instante sientes el suelo moverse, tú estás sentado con una sed tremendísimamente tremenda y en pocos instantes te das cuenta de que estás cayendo de verdad en algún lugar.

    Cierras los ojos por no ver el suelo en tu nariz, encoges las rodillas contra el pecho, toda tu vida ya no pasa por delante de tus ojos, ahora lo que se te pasa por la cabeza es que todo acabe de una vez, sientes un frescor en todo el cuerpo, una sensación de hundimiento por los huesos, los oídos se te llenan de frío, el casco pesa una barbaridad y la respiración empieza a faltar. Es cuando te das cuenta de que has caído en una galería inferior a la que te encontrabas, lógicamente, pero has caído en un lago totalmente helado. Tu reacción es bucear al exterior, a la superficie, el tiempo que te has tirado pensando ha sido malgastado en no bucear, pero lo consigues, porque eres una persona bien preparada físicamente a pesar de esta gran adversidad.

    El frío es atronador, si la hipotermia estaba en sus síntomas, ahora está de lleno. Tú miras a todos lados manteniéndote en el agua, no ves absolutamente nada, ninguna salida, de repente caen bloques de arriba, algunos te golpean ligeramente en le casco, tú por evitar más peso del que llevas prescindes de la carburera y la dejas caer al fondo de ese lago, del cual no tienes conocimiento de su desnivel. Te retiras inmediatamente del lugar de los hechos, pero no ves salida alguna, el miedo te impide ver a través de la oscuridad, el estado hipodérmico es agonizante, tu cuerpo se encuentra moribundo en la penumbra de la expiración, el denodado tormento se apiada de tu alma, se resquebraja lentamente hasta devorar la mente, un suplicio angustioso convierte esos instantes de vida en la desesperación jamás vivida, sólo en un lago subterráneo donde nadie ya puede entrar, esperando a ser juzgado por la vida, con un frío aterrador, sin conocer salida alguna de esa superficie acuosa, con la oscuridad venciendo ala luz de tu led que se debilita poco a poco por los golpes sufridos y por el tiempo que llevas dentro, del cual no eres constante.

    Comienza el tercer gran reto, escapar cuanto antes de las garras del viento helado. Te dispones a mover tus articulaciones para nadar algo y poder observar algún montículo en el que salir del agua, mientras avanzas muy lentamente observas la cantidad de formaciones que constituyen esa galería, la más húmeda de todas, naturalmente, observas desde coladas hasta helictitas, observas como algo tan bonito puede ser el destino de algo tan valiente como tu vida, al menos puedes morir con honor, en un paraíso que nadie contemplará nunca, entre las formaciones cársticas con las que siempre has querido estar, con una compañía agradable, con millones de años mirando como te desvanecerás de un momento a otro, ellas toda una vida creciendo y tú muriendo en un mar de agonía por haberlas querido contemplar en esa fase de madurez.

    Pero mira el lado bueno de las cosas, ya no tienes sed y el tiempo se te ha pasado volando pensando en estas cosas, el cuerpo mientras se consume en tus pensamientos se olvida de que está sufriendo. Te paras un momento y visualizas la galería: ¡¡¡¡¡Al fin!!!!!, pareces ver una apertura a unos tres metros del agua, como una pequeña galería por donde podrías salir, por donde el agua se marcharía en caso de crecer el nivel, es ahora cuando buscas la típica marca de agua en la pared de hace miles de años. La consigues ver, y está por encima de esa trampilla que has visto, es buena señal, eso quiere decir que puede que el agua se marchase por allí, puede ser una salida, pero del lago, no de la sima.

    Intentas escalar por la pared que se apoya en la galería superior, pero tus intentos son desastrosos, subes y cuando llevas un metro no te queda más remedio que caer a ese frío destino, trepas de nuevo y consigues avanzar algo más, visualizas cada resorte, cada peldaño, cada saliente de la pared para garantizar el éxito de esos intentos de salvación. Sabes de sobra que si no lo consigues volverás al lago, y eso no le gustaría a nadie. Cuando una persona sabe que le espera una mala consecuencia, se preocupa de evitarla por encima de todo. Te cuesta dejar el petate en el que llevabas los últimos utensilios, solo te llevas el equipo, que va puesto, el bote estanco estrecho en el que metes la cámara digital, el cordino blanco y las pilas de repuesto. Abandonas el medidor láser, toda la expedición protegiéndolo, para que ahora se tenga que despedir de un plumazo.

    Al quitarte bastante peso de encima, tienes al nivel de tus ojos la galería, la observas y ves como continúa de forma horizontal y descendente. Solo queda un pequeño impulso para llegar, ahora es como la típica película en la que el héroe salta y el tiempo se detiene por unos instantes, la cámara se ralentiza y el chaval consigue llegar con muchos apuros. Tú esperas lo mismo, pero sin los apuros, sabes que tu vida depende de dejarte los últimos esfuerzos en llegar a la dichosa galería. Saltas y……….en fin …… ……..tenía que ocurrir…………..no todo siempre sale bien……………no todo a la primera……………..alguna vez hay que repetir……………….quizás a la tercera va la vencida como se suele decir…………………………es una lástima………………pero por otro lado ………………………cada vez estarás más cerca. Menos mal que ha salido a la primera, jeje, sino… hubiera habido que repetir. Subes con algo de trabajo hasta alcanzar la base de la galería, te pones de pie pero encorvado, porque la galería no alcanza la altura de tu estatura, es algo ancha. Puf, una épica acción más, ¿será la última?, coges el poco aliento del que dispones y te introduces en ese mediano tubo antiguo fluvial. 

    Diario de un espeleologo "capitulo 3"

    DIARIO DE UN ESPELEOLOGO                                                                                 "CAPITULO 3"
     

    Ya estas abajo, has montado la cuerda desde arriba clavando un spitz y dejando un mosquetón y plaqueta. Estás en una galería medianamente grande, observas a tu alrededor y ves una colada húmeda, varias estalactitas y un pequeño recoveco por donde continua la sima, una gatera estrechísima, un paso terrible, una apertura inimaginablemente pequeña, y lo peor es que la forman unos cuantos bloques de piedra, sería un riesgo extremo el atravesar esa gatera, en cualquier momento podría derrumbarse el paso y aplastarte en un instante, eso es lo que pensarías, pero eres un espeleólogo, y te dispones a continuar.

    Te tumbas, y comienzas a arrastrarte, coges tus aparatos y demás equipo y lo pones delante de tus ojos para facilitar la labor, es un paso muy frío, una corriente de aire la inunda de miedo, estremeciendo esos bloques en cada instante, el más mínimo movimiento brusco y toda una vida al otro barrio, ya vas por la mitad, te queda un pequeño salto, arrastrarte un metro más y todo habrá salido bien. Pero te atrancas de repente y te cuesta trabajo seguir, la espalda y el pecho bloqueados, las manos van por delante y no pueden hacer nada más que apuntacarse en dos piedras del final de la gatera para impulsarse, vas palpando con los pies algún apoyo, y lo encuentras, pones tu pie izquierdo en oposición, las manos bien agarradas, y…

    ¡Ha sucedido!, lo peor ha sucedido, esa piedra hacía como de base de las demás, al apoyarse ha cedido y se ha llevado a las demás con ella, todos los bloques caen, por suerte han caído como uno apoyado sobre otro y así sucesivamente, tu cuerpo está más que nunca bloqueado, tu reacción es inminente, te darían ganas de empezar a llorar, a gritarle a Dios súplica, a mostrar arrepentimiento sobre toda tu vida, una desesperación aterradora, un miedo espeluznante recorriendo cada arteria de tu cuerpo, de cintura para abajo bloqueado, solo puedes tocarte la rodilla derecha con el brazo porque las piedras han formado como una casetita ahí. Todo un día de sufrimiento, toda una vida de cuevas, todas las ilusiones destrozadas por una sima, por una fractura estrecha, por una piedra. Toda tu vida se desmorona en segundos, el dolor es cada vez más fuerte, los bloques cada vez aprietan más, es un momento desesperante.

    No hay que perder la calma en un momento así, siempre hay alguna solución por remota que sea, hay que pensar de lo que se dispone y hacer algo rápido. De repente delante de tu cara cae una roca y obstruye la salida de la gatera, es urgente pensar algo y cuanto antes. Se te ocurre sacar maza y buril, y levantas la piedra de la salida y pones debajo de ella el martillo y el burilador, sujetando a ese maldito bloque de caliza. Bien, ya hay algo hecho, te alivias un poco pero el dolor no va a cesar, hay que seguir. Al tener todo el equipo prácticamente en las manos, sería fácil sacar cualquier objeto del que dispusiésemos, sacamos la navaja, y cogemos un mosquetón de aluminio, lo rasgamos y obtenemos esa pintura, vaciamos el bote estanco de todo lo que tenía, extraemos la botella de agua que había sido mezclada con los restos del refresco de limón de la comida, y la vaciamos en el bote estanco, cogemos el alcohol, que suele ir para limpiar las lentes del medidor láser y de la cámara, y también lo vaciamos en el bote, comienza a reaccionar provocando una especie de espuma, echamos los restos rasgados de aluminio, y ya casi está nuestra típica bomba de cuando somos niños, falta algo, esa explosión no sería suficiente como para levantar los bloques, cogemos el carburo que teníamos de repuesto y lo depositamos en nuestro mejunje del bote. La idea es que cuando movamos la reacción líquida con el aluminio pasará algo parecido a lo que sucede con el ácido clorhídrico y el papel plata, reventará, el carburo mientras estará reaccionando y produciendo ese gas, el acetileno, cuando el aluminio reaccione, hará una especie de explosión, como si fuera la chispa del piezo de nuestro casco, pero a gran escala, eso causará una explosión mayor con todo el acetileno acumulado, la cual nos permitirá durante unos instantes, apoyarnos en esas piedras de enfrente e impulsarnos para salir de la gatera, a la vez que la piedra que se había obstruido queda sujetada por el burilador y la maceta.

    Colocamos el bote estanco, ya cerrado con todo dentro, sobre esa pequeña casita que se había formado por nuestra rodilla derecha, solo falta agitarlo y esperar el momento más oportuno. Una vez agitado se oye esa espuma reaccionando y de un momento a otro saltará todo, mientras piensas en tu familia, en tus amigos, en el perro de la esquina, en el panadero, y en Jesucristo, rezas para que salga todo bien, comienza la piel a expulsar un sudor frío, el de la muerte, los bloques haciendo presión, la respiración cortada, cada latido es eterno, cada décima de segundo interminable, la vista empieza a fallar y un mareo susceptible se presenta en nuestra visión, son unos segundos interminables, te replanteas todo cuanto sabes, y escuchas ligeramente un ¡BOOOM!, un instante que hay para reaccionar, un instante que en caso de perderlo no volvería a ver la ni luz del casco, por eso había que aprovechar la situación, el momento, el segundo, el instante; en el momento de la explosión total los bloques se levantan los centímetros suficientes como para impulsarte con las manos y arrastrar todo cuanto tienes delante.

    Ya estás al otro lado de la gatera, y todo a quedado derrumbado, ¡menuda proeza y nadie la ha visto!, te pones de pie, todo el equipo tirado en el suelo, y te quedas mirando el lugar por el que habías venido, bloqueado por un montón de bloques imposibles de mover con una sola persona, es un momento de reflexión importante, no hay nada ni nadie que te pueda hablar, un polvo tremendo inunda la galería, y además has perdido el buril, la maza, las reservas de carburo, un bote estanco y el agua que te quedaba, ya no tienes nada para comer. Sólo dispones del cordino blanco, del petate, de un bote estanco estrecho, de la cámara digital, del medidor láser, de cinco mosquetones, de unos cuantos spitzs, plaquetas, de la llave plana, de la navaja, de la saca de topografía, de cuatro pilas más para el casco y del equipo personal, arnés y compañía. Parece mucho, pero no es nada en comparación con la botella de agua, todas las esperanzas se marchan y el único camino es continuar hasta que la sima acabe. La soledad, la oscuridad, el miedo, el dolor, el hambre, el frío, el cansancio y tu conciencia son tus únicos compañeros en esta expedición. 

    September 11

    Archidona (Malaga)

    El viaje comienza a las 23:00 desde casa de Dani, al final solo vamos Luis, Dani y yo (Paco). Llegamos a Archidona sobre las 5:00 después de perdernos por Murcia, y después de que Antonio, el dueño de la casa nos diera la bienvenida (donde lo primero que hace Luis es dejar las mochilas en el coche y coger las llaves de la casa, desde este momento se paso a llamar “SERENOOOO!!!”). Lo primero es decir que la verbena del pueblo la teníamos nada más cruzar la calle, por los que pegar ojo fue difícil… y a las 8:30 todos arriba…

     

    Salimos desde la “Estación de Archidona” hacia Archidona, para encontrarnos en la plaza Ochavada, en la oficina de turismo con Julia, nuestro contacto por allí…

     

    Nos da un mapa y un croquis de cómo encontrar la cueva…

     

    Como es costumbre, nos perdimos de camino a la cueva, cuando ya íbamos bien encaminados, nos metimos por un desvío que ponía claramente “CARRETERA CORTADA”, así que tuvimos que dar la vuelta…

     

    Dejamos el coche debajo de un árbol y echamos camino para arriba…

     

    Llegamos a un punto en el que el paisaje dejaba de estar seco, para volverse verde y con abejas, Luis medio engañado va a ver si allí estaba la cueva, una vez que nos lo confirmó, le hicimos una putadilla y lo dejamos allí un rato solo…

     

    Entramos a la cueva por una gatera, avanzamos por un recodo estrecho y subíamos peldaños y piedras, unos 20 metros de cueva con dos pozas, la ultima enfangada, en la cueva había una sección seca…

     

    Las sensaciones personales eran algo diferentes... para Luis y Dani estuvo bastante bien, para mi, me decepciono porque había oído y leído que tenia pozas donde saltar, pero seguramente será en época de deshielo o lluvia…

     

    En definitiva, una cueva asequible a cualquiera, de nivel básico, eso si, desde aquí recomendamos el uso del casco y una buena luz, y dependiendo de la época, un neopreno por el agua tan helada.

     

    Al salir de la cueva, bajamos hacia el coche, intentando dejar a Luis por el camino, pero es un tío duro y se resiste…

     

    Una vez en la casa, una duchita, un baño en la piscina para relajar, y un rato por ahí haciendo el chorra, mientras el sereno-chef-luisete se encargaba de hacer la carne en la barbacoa del patio…

     

    Por la tarde una siestecita y a dar una vuelta por la pedanía…

     

    Por la noche… este es un punto negro, donde por malas indicaciones y mal fase horaria, no logramos nada de lo hablado durante la cena…

     

    Al día siguiente, unos bañitos, recoger las cosas y cargar el coche. Salimos hacia Archidona después de pagar la casa y llevarnos una grata sorpresa. La comida en el restaurante central, donde habíamos reservado mesa (no hace falta reserva, pero es bueno avisar al dueño con antelación). Comida típica de Archidona o alrededores… bueno, solo una palabra “FABULOSO”, salimos encantados, tanto por el trato, la decoración del lugar y la comida…

     

    Después de reposar la comida y con 40º a la sombra decidimos emprender la vuelta. Salimos a las 16:30 y llegue a Guardamar del Segura sobre las 22:00, cansado pero contento por un buen finde.

     

    Hasta la próxima  

    Diario de un espeleologo "capitulo 2"

    DIARIO DE UN ESPELEOLOGO                                                   ""CAPITULO 2""
     

    Tras haber recuperado el aliento, hablas con tus compañeros comunicándoles que una vez metido allí, sería mejor acabar con esta sima cuanto antes, porque la salida es bastante dificultosa, y más después de haber estado allí dos horas intentando avanzar un metro. Ellos te confirman tu proposición y te avisan de que cuatro de los cinco que hay arriba van a ir a explorar dos simas que parecen pequeñas mientras tú sales de ese infierno.

    Una vez acordado con el exterior el planning del día, te propones topografiar lo que has avanzado, es cuando un compañero te manda con un bote estanco de esos finos para el carburo, una cámara de fotos digital y repuesto de carburo por si acaso, esto llega igual que antes, sujeto por un cordino muy fino. Tras deshacer el nudo miras en su interior y preguntas el porqué de la cámara, ellos te dicen que es para una foto del interior, como se suele hacer para catalogar cualquier sima.

    Ahora está todo en orden, pero falta algo, una pequeña saca de instalación, la pides, y te la echan igual que los otros botes estanco, agarradas con un cordinito. Te envían seis mosquetones de aluminio, burilador, espitzs y llave plana. Ahora sí, todo correcto.

    Comienzas a topografiar de mala manera, sacas la brújula para tener el norte magnético, pero no, no hay brújula, la brújula está como la choza de un melonero, es decir, un poco averiada. . .Compruebas el medidor láser, al menos funciona, y miras la hora para tener una referencia horaria, tú reloj marca las doce en punto, y tú piensas que es un poco pronto. Preguntas al exterior a voces, porque de ahí para adelante no te sentirán, te dicen que son los dos y media de la tarde, ¡menuda faena!, en una cueva el tiempo se te pasa sin enterarte, y sin reloj, vuff. . .

    Es cuando piensas: “qué bien, ¿no?, estoy en una situación inmejorable”. Te das cuenta de que ese infierno te va a costar la vida, no había otra cueva en todo la sierra para meterse…, aunque claro, después de estar dos horas andando sin encontrar nada, cuando encuentras algo, por pequeño que sea, vas al ataque, y más si la sima desprende un aire terrorífico y las piedras parecen sonar bastante.

    Continuamos la expedición descendiendo por la galería que nos encontramos a la izquierda, aquella que expulsaba ese aire tentador. Proseguimos a avanzar con todo el equipo, ahora más molestoso que nunca: la saca de instalación que suele pesar bastante, con su maceta y su burilador, la saca de topografiar, dos botes estancos que son bastante incómodos, y un petate con una botella de agua, alcohol 96 y una cuerda de treinta metros, además de la dichosa carburera y de todo el equipo personal. Tras observar la situación comienzas a descender, tus compañeros se han marchado, excepto uno que se supone que estará echando una siestecita para esperar tú salida, esta vez parece que la galería se ensancha un poco, es de ancha como tus hombros, y tipo fractura que procede de más arriba, unas estalactitas cuelgan partidas del techo, partidas de cómo si alguien ya hubiera estado dentro, de haberse desesperado en un intento de salida descontrolada, por las paredes restos de tizne, y ni una señal de spitz o parabolt, y eso que te encuentras en la cabecera de un pequeño pozo, de no más de diez metros, pero lo suficientemente dificultoso como para descender sin cuerda, sin poder usar la oposición ni la escalada, parece raro, miras a un lado, y como la oscuridad suele engañar, te parece ver algo, algo que se ha movido, te asustas y te vuelves rápidamente y subes por donde has venido, entonces choca tu casco con algo, miras hacia arriba y son esas estalactitas partidas, eso te hace reflexionar, la agonía es desesperante, vuelves a mirar, y sale justo un murciélago con la boca abierta y las alas extendidas como para devorarte, es un susto tremendo, y tu te apartas, miras hacia la pared sobre la que te has apartado y observas unas marcas de tizne ensangrentadas, es irritante el miedo, un escozor que no cesa, piensas en volver, pero eres un espeleólogo, una persona que no siente miedo en una cueva, sino que forma parte de ella, una persona cualificada para superar cualquier dificultad subterránea, una persona que conoce de sobra los valores de la valentía y el coraje, una persona que se deja la piel en una cueva para contemplar una belleza que es diferente a todas las demás, una persona que comprende lo que es la oscuridad y el miedo, una persona que piensa que el dolor es psicológico, una persona astuta, una persona autosuficiente, una persona con afán de seguir en una cavidad pese a cualquier adversidad, un espeleólogo de verdad.

     

    Diario de un espeleolo "capitulo 1"

    DIARIO DE UN ESPELEOLOGO                                                                             CAPITULO 1
     
     
    Un deseo es una orden asignada a la mente para evitar la agonización de la vida. Cuando un espeleólogo sueña con encontrar una "Krúbera-Voronya", lo hace para evadirse de cuatro rotos estrechos, embarrizados, con una entrada impenetrable, con polvo de tierra tragando, con un aire que te mete la arenisca en los ojos, con los aparatos molestando, con la carburera ardiendo, con el casco atascado entre dos paredes, con el pecho presionado, con la mano derecha apegando a la cadera, con la izquierda delante del cuerpo para agarrarse a algún recoveco, con la cuerda de guía liando el panorama, con el compañero dándote voces de ¿¡Sigue!?, con el resto del grupo hablando fuera de cuatro tonterías que no hacen más que enrabiarte más y más, con una estalactita como el puño de gorda amenazándote si intentas acercarte a ella, con unos cuantos bloques susurrándote que se van a caer si tu movimiento continua en esa dirección, además tu posición es boca abajo, sugiriéndote el cuerpo ponerte bien porque la sangre comienza a bajarte a la cabeza, mirando por esa galería negra en continuación, intentando enfocar con el casco aber si ves el final, pero no puedes porque cuando echas la cabeza para enfocar, los ojos no te dan de sí para ver si se ve algo porque la roca madre hace curva y no te deja ver, con la saca de topografía en la espalda colgada enganchándose en todos lados, con unas paredes concrecionadas que parecen cuchillos al tocarlas, con las bagas de anclaje en revesándose cada vez que avanzas un centímetro, con el petate colgando hacia abajo, haciendo peso para tirarte y encajándose en cualquier apertura, con un sueño de perros tras haberte levantado a las 6 de la mañana, con un hambre infernal, con un calor sublime por haberte puesto el mono interior creyendo que ibas a pasar frío, pero después tras una hora ahí metido, empieza el frío, un frío estremecedor que corroe todos tus huesos y te escalofría en cada instante, sientes más hambre, los compañeros se preocupan y siguen con las voces, tu hasta los mismísimos ......., tu agonía crece, el pecho cada vez más apretado, la sima cada vez más estrecha, el corazón cada vez late más deprisa, empieza la desesperación, la lengua te sabe a tierra, los labios se han secado y custrido, el pelo enharinado, el mono echo polvo, las botas embarrizadas totalmente, los aparatos dando la bara, en especial el descendedor y la baguita del puño, con ellos no hay quien pueda, siempre se enganchan y te dificultan el avance, la saca de topografía como de costumbre, preocupado por el medidor láser de si le ha pasado algo, el petate sigue igual, tus manos con magulladuras, pequeñas rajitas molestando y segregando sangre, tu cerebro empieza a fallar, la oscuridad se transforma y te hace ver cosas que no hay, la luz cada vez es más tenue, y no porque se vayan gastando las pilas, sino porque la tierra es cada vez más espesa, los ojos los tienes llenos de polvo, pero no puedes tocártelos porque las manos están asquerosas. Ya has avanzado unos 20 metros y has descendido unos 30 metros, y todo en cuatro horas, tras haber estado más de dos horas atrapado, la cuerda está en el fondo de esa pequeñísima sala que solo da para el ancho de tu pecho, el petate está justo en tus pies aplastándote la bota derecha, la cuerda liada en la izquierda, la saca la llevas enganchada en el casco, la carburera está que arde, la galería no te permite girar la cabeza porque el foco luminoso choca con la pared, el hambre se hace intenso, el barro abajo es insoportable, pegajoso, espeso, del que te deja las piernas atrapadas en él, tus compañeros te preguntan ¿¡Cómo vas!?, tú respondes tenuemente que bien, pero arrepintiéndote de haber entrado por uno de ellos, y en el peor de los estados posibles, ellos te dicen que han dado un barrido por la zona y han encontrado unas simas tremendas, encima empiezan con el cachondeito: "vas a echar todo el día en una sima de mierda macho", tu te mosqueas y los mandas a la mierda por lo bajani, tras haberte recuperado un poco, sientes ese aire que había en la boca de la sima, un aire tremendo que procede de tu parte izquierda, un aire frío invitándote a continuar en la sima, ofreciéndote compañía para seguir en ese oscuro abismo, sirviéndote su soledad para atraparte con él toda la vida, un aire que te anima a seguir, un aire que te alivia por haber pasado lo peor, y piensas que esa corriente de aire procede de una gran sala, una gran galería, es entonces cuando tus compañeros te dicen que es la hora de comer, tu les pides que te manden el bocadillo en un bote estanco, y así es, el bote llega a tus manos, dentro un bocata de jamón, un refresco de limón, un machete, el típico cordino blanco y un repuesto de cuatro pilas, y comenzáis a comer, a hacer un alto en el camino, ellos desde arriba contemplando un hermoso paisaje y tú con las manos embarrizadas ensuciando todo el pan de mie.... y contemplando como una araña meta-bournety, de las gordas, rojas, te miran con cara de comerte, y una bocanada de polvo acompañándote en cada sorbido de refresco, y un puñado de mosquitos como entremeses para cada bocado de bocadillo.