Paco's profileLo imposible, no existe,...PhotosBlogNetwork Tools Help

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    March 20

    diario de un espeleologo "capitulo 10"

     

     

    Sangre Celestial
         
     

    Te levantas, y andas en dirección hacia donde entraste la primera vez, un meandro seco, aislado del agua. Tú caminas a oscuras, la locura te hace hacer cosas que no tienen sentido, andas con los ojos medio cerrados, sin ganas, balanceándote, y al no ver absolutamente nada, chocas con cualquier piedra, te tropiezas y te pones en pie, llegas a una curva y te la pegas, los choques son continuos, tu cuerpo mal herido no soportará mucho tiempo, es como si un equipo entero de rugby estuviera continuamente volándose encima tuya.

    Tras avanzar bastantes metros de meandro, pasando por algunas galerías, eso sí, más de un día entero para tan poco, dejándote la piel y los huesos en cada paso, ya que es prácticamente imposible caminar a oscuras, pero como tu cuerpo y tu mente no reaccionan, da igual, terminas llegando a aquel dichoso lugar de la arañita, el lugar crítico, pero tú ni te enteras.

    Casualmente te paras allí un momento, es una sensación extraña, pero sigues adelante, y de repente, ¡al suelo!, una caída frontal, el casco golpea fuertemente el suelo, la arena se te pega a la cara, las piedras se hincan en todo el cuerpo. Tras hacer un descanso involuntario en el suelo, allí tumbado y con la cabeza girada, te propones chupar lo que se ponga delante de la lengua.

    Tras sacar la lengua, ésta choca con una piedra, algo hay sobre ella, como algo seco, tras mojarla y degustar la sustancia con tu lengua…

    ¡Es tu propia sangre!, sangre que afianza un buen por venir, sangre que trae consigo el sabor de la esperanza, sangre seca que huele a renacer, sangre de dioses, sangre motivadora, sangre que sabe como una cerveza fresquita en un caluroso día de verano, aquella sangre que caía endemoniada tras la fisura, una sangre que muestra salvación, una sangre celestial. Ese sabor te devuelve unos instantes a la buena fe, te recuerda por unas décimas de segundo el comienzo de la expedición, los males pasados y tu llegada hasta ese punto. En ese preciso momento, la cabeza se libera del mal contenido, es como si te hubiera venido de nuevo la cordura, como si hubieses vuelto a ser tú, el mal, la locura, se van de tu mente, dejándote libre, perdonándote por esta vez, y dejándote solo para una reflexión importante.

    La cabeza está ahora mismo en blanco, es como si te hubieses despertado de un shock pos traumático. Es ahí cuando te acuerdas de cómo te llamas en realidad, recuperas la conciencia y te pones de pie.

    Tras comprobar que tu casco no se enciende, sacas las pilas de repuesto, y se las pones al casco, las otras las retiras y las guardas. La luz ha vuelto, una luz muy intensa, una luz que promete aguantar el tiempo que te quede en la sima.

    Tras pensar tus próximos movimientos, decides partir hacia una de aquellas bifurcaciones que ibas escogiendo al azar, pensando en que alguna te llevaría a otra galería diferente.

    diario de un espeleologo "capitulo 9"

     

     

    La Personalidad Perdida
         
     

    Me llamo Steve Johnson Arpasi, mis apellidos proceden de mi padre, inglés de pura casta, y de mi madre, cuyo tatarabuelo era una indígena de una comunidad superviviente que se trasladó a la antigua España, por eso el apellido tan singular y el nombre inglés. Aunque yo nací en España y soy español, todos me consideran un extranjero de las Américas, por el nombre tan raro.

    Mi nombre me molesta mucho, no puedo circular con tranquilidad por ningún acto social, todos me consideran un “bicho raro”, lo gracioso es que tengo los rasgos del más español posible. Cuando era pequeño, los profesores incluso al principio de un curso me hablaban con gestos, ¿es que soy sordo mudo?, menudas situaciones, hasta que veían que hablaba perfectamente castellano, ¡pues claro!, si soy español.

    Mis compañeros seguro que con el tiempo que ha pasado entre nuestras aventuras, conocen de sobra las situaciones graciosas que se me presentan. Ellos saben de sobra que soy ibérico. Pero no todo es negativo, al decir ese nombre en algunos ambientes, presentas cierto grado de importancia, la gente te ve como alguien importante, lo que no saben es que soy como ellos…

    Todo esto viene a que necesitas saber cuál es tu nombre, por eso, mientras intentabas dormirte, pensabas en tus raíces, en tus amigos, en tu familia, en esos momentos tan especiales que te hacían reír, no es preciso olvidar el nombre, sino, la cordura estaría totalmente perdida. Una vez recuperada la cabeza, piensas en que un nombre es solo una marca que nos permite diferenciar a unas personas de otras, por eso yo no creo que sea necesario identificarnos así, no creo en la posibilidad de nombrar todas las cosas, sólo creo en que nuestra personalidad no se basa en un sello, sino que es mucho más. Si las personas ven nuestra esencia como un solo nombre, estamos perdidos.

    Cuando la oscuridad es total, y la fe no te ha ayudado en esta expedición, hay que ver las creencias que tenemos, la pasión que sentimos para salvaguardar los males y las esperanzas de encontrar ese lugar que nos lleve a la luz, la salida.

    Creo en la amistad, creo en el amor sin condición, creo en la humildad del que sabe ganar, creo en el honor que me cede Dios, ser honesto es mejor que un cielo lleno de himnos. Mi rey es mi voluntad, mi patria mi hogar, por eso, se que existe un lugar más allá entre las estrellas donde nacen los versos que yo nunca pude encontrar y con labios de esperanza, yo creo en ti, creo en mí. Se que existe un lugar donde hallar un beso perdido, donde nacen los sueños y mana la oportunidad. Creo en la pasión ella es mi voz, creo que al final te encontraré.

    Tras el replanteamiento mental viene la correspondiente marcha hacia el interior del pensamiento, una redada de preguntas que obstruyen la mente de cuestiones sin respuesta, la tortura empieza a modificar el estado de conciencia, la realidad se aleja de nuestras posibilidades, empiezas a pensar cosas que no vienen a cuento, la cabeza da vueltas, un dolor interminable, recitas canciones que nunca te han gustado, expresas frases que ni siquiera existen, la boca va por sí sola, la mente por otro lado, los ojos dan vueltas, titubeas allí sentado, las heridas de tu cuerpo te obligan a mal decir todo cuanto conoces, tus gritos parecen retumbar las paredes, insultas a toda la materia, te golpeas la cabeza con el suelo, tu persona comienza a perder la cabeza, la locura se acerca más de lo imaginado, todas las tragedias vividas desembocan en algo así, un enloquecimiento del que nadie puede salir, tus preocupaciones son muy generales, ya no te fías de nada, ni siquiera de estar allí sentado doliéndote, tu personalidad acaba de ser absorbida por la locura.

    Me llamo Spelaion Darkness, mi nombre procede de mi padre, la espeleología, y el apellido de mi madre, la oscuridad.

    diario de un espeleologo "capitulo 8"

     

    Alineación Oscura

         
     

    ¿Cuánto llevaré andando? Parece que el camino va siendo largo, numerosas galerías dejas a tu paso, un paso que no se cansa, una vez “nutrido” y algo descansado las posibilidades de morir decaen, pero alimentarse así sería imposible, además que sigas avanzando no quiere decir que estés cada vez más cerca de la salida, ¿verdad?

    Puede que lleves unas tres horas sobrepasando galerías, bifurcaciones, algún que otro estrecho, meandros de diferentes magnitudes, etc. Parece que andar tanto cansa, y más si vas con los aparatos de espeleo encima, con un torniquete en el brazo que lo mismo sangra que se queda impasible y con un hambre de bichos, quiero decir, de perros.

    Conforme avanzas tu visión eléctrica está cerca de acabarse, tú sabes de sobra que no hay que gastar ese repuesto de cuatro pilas hasta que esas no se acaben totalmente, pero hay la suficiente luz como para ver un resplandor cristalino que refleja esa luz, cierto, es un lago, ¿otro?, pues vaya, cualquiera se mojaría otra vez. Lo que no sabes es si continuará o será un lago terminal, toda la sima dependerá de cómo sea ese lago, tuerces y…menos mal, el lago continua.

    Tras meterte en el escalofriante agua y andar hasta cubrirte, el frío se apodera del brazo destrozado, sabes que no puede mojarse, pero nadar con un solo brazo es… ¿difícil? Pues sí, lo es, así que cuanto menos tiempo pases en el agua, menos sufrirá la herida, y por tanto, más posibilidades de sobrevivir.

    Estás nadando bastante, es un lago de dimensiones catastróficas, escandalosas, el lago está desarrollado en una galería muy grande. Tras un largo tiempo nadando, los huesos empiezan a fluctuar y los músculos no responden como antes, el cuerpo empieza a pedir calor, la sensación de aquél día del comienzo fue tan desagradable que no volvería a pasar por ella. Por lo tanto es urgente salir cuanto antes, sabes que no resistirías otro ataque de frío.

    Una vez asimilado el peligro, vas mirando por todos los recovecos que tu casco te permite ver, y tras una oscilación por la parte superior, ves justo una abertura en el techo de la galería, lo malo es que estás justo en el centro del lago, y es un pozo totalmente aéreo, resulta imposible acceder a esa galería superior.

    Pero parece algo extraño, es como si ya hubieras vivido este momento, como si ya supieses lo que te iba a pasar. Tras una deliberación con tu mente sale a la luz la conclusión más evidente, no la más evidente, sino la verdadera conclusión. ¡Está claro de que es el mismo lago de cuando la caída, aquella que supuso el estado más crítico de la expedición, aquella caída que casi acaba con tu vida!, la situación es más alarmante que nunca, has estado dando una vuelta tremenda en la sima, una pérdida de fuerzas muy grande para llegar hasta ese punto de la cavidad, es una verdadera lástima, incluso perdiste mucho material para escapar de ese aterrador lago.

    Como de costumbre, siempre está el lado bueno, sabes donde está la salida de ese maldito lago y sabes cuáles son muchos de los caminos de la sima. Tras seguir nadando en estado crítico, llegas al lugar del salto heroico, aquel impulso que exigía mucha responsabilidad, un brinco que tenía la característica de producir la esperanza en tus ojos, pues afianzaba el salvarte del infierno acuoso. Pues la sensación es prácticamente la misma, pero ahora la esperanza ha decaído un poco más que aquella vez, pero hay que secarse cuanto antes y no queda mucho para pensar en el próximo destino.

    Ahora toca la película de acción, pero como ya te conoces el terreno, la dificultad sería sobrepasada con éxito, pero el brazo… ¡Dichoso brazo! ¡Cualquiera salta en estas condiciones! Hay que intentarlo, el salto promete emoción.

    Tras conseguirlo, dejándote el rostro en la piedra, pulverizándote el miembro herido, contusionando tobillos, desintegrándote el resto de las piernas, desmenuzando el pecho, quebrando costillas, machacando la muñeca derecha, forzando espalda y produciendo magulladuras corporales, te medio levantas, te sientas, te resientes y echas la cabeza hacia atrás, llorando y golpeando la parte trasera del casco con la pared. En ese momento la luz de tu casco cesa y una oscuridad inunda, no sólo la realidad, sino tu corazón y toda tu existencia, la enajenación mental produce un deseo moribundo.

    El estado es acogedor en relación a la muerte y una paz interior recae sobre tu cuerpo a consecuencia del cansancio de otra dura jornada más.

    diario de un espeleologo "capitulo 7"

     

     

    Luz Que Agoniza
         
     

    El torniquete parece haber funcionado, a pesar de la gravedad de la herida. Tú te sientes muy mal, la sangre perdida será difícil de recuperar, y más si sigues perdiendo, el hambre produce un malestar general que te impide moverte, el dolor estomacal supera todas las barreras inimaginables, se empieza a devorar él solo, las ganas de levantarte y continuar cesan continuamente, ¿para qué seguir?, es una tontería, cada vez va a peor, lo mejor es quedarse aquí y consumirse hasta el fin.

    Te replanteas la cuestión, tu mirada se queda perdida mientras tú estás tumbado, el brazo gotea, el hambre es existencial, el cansancio se apiada del cuerpo, y ves otra pelea como la que te causó la herida. Entonces piensas que en vez de matarlos otra vez a los dos bichitos, habría que comérselos, o comemos algo, o la sima nos devorará a nosotros tarde o temprano, dicen que aquél que consigue mantenerse en pie durante la vida tiene derecho a una recompensa que no es más que la satisfacción de uno mismo, porque los demás no te reconocen tus hazañas, solo piensan en ellos y en lo que la gente hace por ellos. Cuando un científico desarrolla una cura, la sociedad mundial no le recompensa, ella sólo busca la cuera y punto, lo único que consigue es salir en unos cuantos libros y lo más importante, conseguir lo que él ha querido. Por esta razón, si no te mantienes en pie, no hay recompensa, aunque el mantenerse sólo desemboque en animarse uno mismo.

    Está crujiente, el pseudo está crujiente, la araña sabe a bilis, y los colémbolos no tienen mucho sabor, aunque claro, después de aplastarlos que jugo les va a quedar. Cada bicho que te echas a la garganta expira una ventisca amarga que te produce unas arcadas temerarias. Cuando alguien se encuentra mucho tiempo sin comer y luego mastica algo, el hambre no hace mas que chillar más, más molestoso y menos agradable. Eso mismo es lo que te ha pasado, por lo menos te echas algo a la boca. Ahora coges una piedra, y en ella vas colocando todos los bichitos que te encuentras a tu paso, hay que decir que apenas llegan al centímetro de largo, por ello, hay que aplastar muchos. Junto con los animalitos machacados, echamos la sangre que gotea de nuestro antebrazo, y como la piedra hace una pequeña curva de cuchara, el “recipiente” se va llenando. Una vez realizado el experimento, nos disponemos a introducir la piedra en nuestra boca y chupar con todo el asco del mundo.

    ¡Que asquerosidad!, el sabor es tan repugnante que las arcadas inducen a producir la bilis que llega hasta la gargantilla, sigues tragando, la degustación del potingue es una inmundicia, los bichitos se atrancan entre la lengua, lo que deja un aroma poco embriagador, , tú los apartas rápidamente, la sangre produce un escozor en la nuez que parece desintegrarse del asco, las alimañas van frenándose poco a poco en la garganta, te cuesta tragar, te produce toser, y una vez todo tragado, el sabor que se queda en la boca es como cuando mascas la goma llena de suciedad de toda una vida de la carburera.

    Pues este procedimiento hay que repetirlo unas cuantas veces, hecho una vez, no me importaría hacerlo de nuevo… ¿o sí? Que más da, si ya no hay nada que se pueda resolver, no existe ningún motivo que complique la situación.

    Mejor consumir que ser tragado por una sórdida sima.

    diario de un espeleologo "capitulo 6"

     

     

    ¿Comer o ser Comido?
         
     

    El torniquete parece haber funcionado, a pesar de la gravedad de la herida. Tú te sientes muy mal, la sangre perdida será difícil de recuperar, y más si sigues perdiendo, el hambre produce un malestar general que te impide moverte, el dolor estomacal supera todas las barreras inimaginables, se empieza a devorar él solo, las ganas de levantarte y continuar cesan continuamente, ¿para qué seguir?, es una tontería, cada vez va a peor, lo mejor es quedarse aquí y consumirse hasta el fin.

    Te replanteas la cuestión, tu mirada se queda perdida mientras tú estás tumbado, el brazo gotea, el hambre es existencial, el cansancio se apiada del cuerpo, y ves otra pelea como la que te causó la herida. Entonces piensas que en vez de matarlos otra vez a los dos bichitos, habría que comérselos, o comemos algo, o la sima nos devorará a nosotros tarde o temprano, dicen que aquél que consigue mantenerse en pie durante la vida tiene derecho a una recompensa que no es más que la satisfacción de uno mismo, porque los demás no te reconocen tus hazañas, solo piensan en ellos y en lo que la gente hace por ellos. Cuando un científico desarrolla una cura, la sociedad mundial no le recompensa, ella sólo busca la cuera y punto, lo único que consigue es salir en unos cuantos libros y lo más importante, conseguir lo que él ha querido. Por esta razón, si no te mantienes en pie, no hay recompensa, aunque el mantenerse sólo desemboque en animarse uno mismo.

    Está crujiente, el pseudo está crujiente, la araña sabe a bilis, y los colémbolos no tienen mucho sabor, aunque claro, después de aplastarlos que jugo les va a quedar. Cada bicho que te echas a la garganta expira una ventisca amarga que te produce unas arcadas temerarias. Cuando alguien se encuentra mucho tiempo sin comer y luego mastica algo, el hambre no hace mas que chillar más, más molestoso y menos agradable. Eso mismo es lo que te ha pasado, por lo menos te echas algo a la boca. Ahora coges una piedra, y en ella vas colocando todos los bichitos que te encuentras a tu paso, hay que decir que apenas llegan al centímetro de largo, por ello, hay que aplastar muchos. Junto con los animalitos machacados, echamos la sangre que gotea de nuestro antebrazo, y como la piedra hace una pequeña curva de cuchara, el “recipiente” se va llenando. Una vez realizado el experimento, nos disponemos a introducir la piedra en nuestra boca y chupar con todo el asco del mundo.

    ¡Que asquerosidad!, el sabor es tan repugnante que las arcadas inducen a producir la bilis que llega hasta la gargantilla, sigues tragando, la degustación del potingue es una inmundicia, los bichitos se atrancan entre la lengua, lo que deja un aroma poco embriagador, , tú los apartas rápidamente, la sangre produce un escozor en la nuez que parece desintegrarse del asco, las alimañas van frenándose poco a poco en la garganta, te cuesta tragar, te produce toser, y una vez todo tragado, el sabor que se queda en la boca es como cuando mascas la goma llena de suciedad de toda una vida de la carburera.

    Pues este procedimiento hay que repetirlo unas cuantas veces, hecho una vez, no me importaría hacerlo de nuevo… ¿o sí? Que más da, si ya no hay nada que se pueda resolver, no existe ningún motivo que complique la situación.

    Mejor consumir que ser tragado por una sórdida sima.

    diario de un espeleologo "capitulo 5"

     

     

    El Hermoso Goteo de la Vida
         
     

    Menos mal que estoy ya en una vía seca, así pensarías al atravesar un meandro tremendamente seco de gran longitud. El hambre está arrullando de nuevo, el estómago está flaqueando, ya ni si quiera te quedan reservas orgánicas ni para producir el tiriteo. Vaya un desastre total. Hay que descansar cuanto antes.

    Atraviesas unas medianas galerías en busca de un asentamiento estable, te paras y ves a una arañita peleando con un pseudo escorpión, ¡que batalla!, vamos a verla, observas como la araña envuelve al pseudo con su tela, el pseudo la corta con las tenazas, y llegas tú a intervenir y matas a los dos de un pisotón, en ese instante aparece la típica frase: “te ha castigado el señor”. ¡¡¡Ufff!!!, que dolor, es insoportable, una piedra se ha desprendido del techo y caído justo en mi mano izquierda, vaya una mierda de sima, el dolor es inaudito, el malestar del brazo es inusitado, un extravagante sufrimiento inunda la irá de tu emoción, las lágrimas caen como las gotas de lluvia, los dientes se aprietan como las tuercas de un submarino, la sangre vierte al suelo, la piedra ha perforado el brazo, el padecimiento que custodias se desmorona en apenas décimas de segundo. Hay que cerrar la herida.

    Cuando dos hermanos se separan, el malestar es tremendo, un océano intensamente largo se forma entre sus dos mundos, un sin fin de objetivos que cumplir para volverse a reunir, una vida por delante para un reencuentro emocional, un estado en el que no se puede vivir por la agonía de la separación, la soledad de uno respecto del otro, el desvanecimiento de todas las aventuras vividas juntos. Cuando dos hermanos se separan sufren mucho. ¡Y que te lo digan a ti!, se te han separado tus dos hermanos más precisos de tu cuerpo, el cúbito y el radio, los dos huesos del antebrazo, menudo lamento, parecen gritar de forma continua, la roca desprendida te ha machacado el antebrazo, y te lo ha perforado, además te ha roto dos huesos. El brazo se va vaciando de sangre, el mareo penetra en tu cabeza, el cuerpo empieza a desplomarse, hay que pararlo como sea.

    Rápidamente coges el cordino del que disponías, te quitas el mono interior que es fácil de manejar y en muchas ocasiones retiene los fluidos. Te enrollas el mono de codo para arriba, así el cordino no se hincará tanto como si estuviera solo. Posteriormente atamos fuertemente alrededor del codo el cordino, apretando más que nunca, soportando la temeridad de que el brazo lo pudiésemos perder, la sangre empieza a fluctuar, el color negruzco que salía a borbotones oscila levemente hasta enrojecerse, parece que la herida ha cesado un poco, pero el brazo está prácticamente destrozado, inservible y sin ninguna posibilidad de recuperación.

    El temor crece en tu alma apiadándose de las últimas gotas de esperanza, el brazo queda colgando mientras tú estás tendido en un pequeño resorte, la sangre desciende lentamente por la muñeca, alcanzando el dedo anular, y chorrea ligeramente, gota a gota, segundo a segundo, cada gota es una parte de tu triste y desesperante vida, una sangre derramada que nunca más fluirá entre sus complejos canales orgánicos, sangre de un espeleólogo, sangre pura, una pureza que simboliza el respeto a Gaia, una sangre que afianza el destino más trágico de una existencia desolada.